La Virgen María representa amor maternal, protección, fe, esperanza y consuelo espiritual. Su postura de oración simboliza la confianza en Dios, la calma interior y la entrega de las preocupaciones.
El manto celeste se asocia con pureza, paz y protección divina, mientras que los detalles dorados evocan luz, bendición y presencia espiritual. Esta figura invita a crear un ambiente de serenidad, gratitud y conexión con la fe.



