Lo invitan a un bautizo y uno queda pensando en qué llevar. Y lo que suele pasar es que termina comprando lo primero que ve en el centro comercial, que es casi siempre lo mismo que van a llevar otros cinco invitados.
Los tres sacramentos no son lo mismo, ni la persona que los recibe está en el mismo momento de la vida. Por ahí es por donde conviene empezar a pensar el regalo.
Bautizo: el regalo es para una casa, no para un bebé
El bebé no se va a acordar de nada, y usted lo sabe. El regalo de bautizo es en realidad para los papás y para la casa que están armando, y lo que se agradece es lo que dura.
Una figura del ángel de la guarda o del Divino Niño para el cuarto funciona porque se queda ahí años, y el niño crece viéndola. Una pieza con el nombre y la fecha pintados atrás se vuelve de esa persona para siempre, y es el tipo de cosa que después pasa de generación en generación sin que nadie lo planee.
Lo que casi nunca sobrevive es la ropa, porque le queda chiquita en dos meses, y los peluches, porque la casa ya está llena.
Primera comunión: la edad en que el regalo ya se entiende
Aquí el niño tiene nueve o diez años y sí se acuerda. Se acuerda del vestido, de la misa, de quién le regaló qué. Por eso vale la pena que el regalo tenga algo suyo: el nombre, la fecha, un color que le guste.
Las piezas religiosas pintadas a mano funcionan bien a esta edad, sobre todo si no son demasiado solemnes. Una virgen pequeña para la mesa de noche, un ángel, una cruz de mesa. Y si la familia es de las que arma rincón de oración, es la ocasión perfecta para darle al niño su propia figura, la que va a ser de él y no de la casa.
Un consejo que damos siempre: pregúntele a la mamá qué advocación es la de la familia. En Colombia eso pesa, y regalar la virgen equivocada se nota.
Confirmación: ya no es un niño
A los catorce o quince años el regalo infantil ofende un poco. Lo que funciona es lo que se puede tener a la vista sin que dé pena: algo sobrio, de buen tamaño, con acabado cuidado. Menos color, más detalle.
También es la edad en la que un regalo útil se agradece más que uno simbólico, así que muchas familias combinan: la pieza religiosa de parte de los padrinos y algo práctico de parte de los tíos.
Los recordatorios para los invitados
Esto es lo que más nos encargan, y es donde más gente se equivoca con las cantidades. La cuenta que funciona es por familia invitada y no por persona, con un diez por ciento de más para los que aparecen de último momento. Para una celebración de sesenta invitados eso suele quedar entre treinta y cinco y cuarenta recordatorios.
Lo que hace que un recordatorio no termine en la basura es que sea pequeño, que sirva para algo y que tenga el nombre y la fecha. Una vela pequeña en recipiente, una figura de mesa diminuta, algo que quepa en una repisa. Lo que no funciona son los objetos grandes, porque la gente no sabe dónde ponerlos.
Con cuánto tiempo hay que pedirlos
Dos o tres semanas es lo cómodo para un encargo personalizado, porque cada pieza se pinta a mano y hay que dejar secar entre capas. En temporada alta, que para nosotros es mayo y noviembre, conviene pedir con un mes.
Y pida siempre una muestra antes de mandar a hacer las cuarenta. Ver una terminada en la mano cambia decisiones que por foto uno no alcanza a tomar.
Si quiere que le ayudemos a escoger
Trabajamos mucho con familias que están organizando estas celebraciones y conocemos bien lo que funciona en cada una. Cuéntenos la ocasión, la edad y cuántos invitados, y le armamos una propuesta. Si quiere ver lo que tenemos o encargar algo pintado a la medida, escríbanos por WhatsApp al +57 302 249 2780 o mire nuestro catálogo. Cada pieza la pintamos nosotros a mano, una por una.



