Hay una costumbre que casi nadie explica pero que todo el mundo reconoce: cuando una familia se muda, lo primero que cuelga no es un cuadro bonito. Es un crucifijo, o un Sagrado Corazón, o un ramo bendito detrás de la puerta. Después ya vienen los muebles.
No es decoración. Es una forma de decir que la casa ya tiene dueño y que quien entra entra a un lugar cuidado.
Por qué siempre la puerta
La puerta es el borde. Es donde lo de afuera se vuelve lo de adentro, y por eso en casi todas las tradiciones ese punto se marca de alguna manera. En las casas colombianas lo marca el crucifijo, el ramo de Domingo de Ramos, a veces una herradura heredada de una abuela que ya nadie sabe de dónde la sacó.
Hacerlo tiene un efecto práctico que no se nombra: cada vez que usted sale, pasa por ahí. Y pasar por ahí es un recordatorio diario de a quién está encomendando el día.
Dónde se pone el crucifijo
Los dos lugares de siempre son la entrada y la cabecera de la cama principal. En la entrada va a la vista, a una altura que se pueda mirar de frente sin forzar el cuello. En la cabecera va centrado, y conviene asegurarlo bien, porque un crucifijo de yeso o de resina que se cae de esa altura no se repara.
El comedor es el tercer lugar común, sobre todo en casas donde todavía se bendice la mesa. Lo que se acostumbra evitar es el baño y la pared que queda justo frente al televisor, por razones de respeto más que de otra cosa.
Una oración para la casa
No hace falta aprenderse nada largo. Esta se puede decir el día de la mudanza, un primer día del año o cualquier noche en que la casa esté pesada.
Señor, bendice esta casa y a los que viven en ella. Que quien entre encuentre descanso y quien salga lleve paz. Guarda a los que duermen aquí, cuida el trabajo que nos da el pan y no permitas que el afán nos vuelva duros unos con otros. Amén.
Si en la familia se acostumbra, se reza en voz alta recorriendo los cuartos, uno por uno, con una vela en la mano. Suena solemne, pero en la práctica toma cinco minutos y a los niños les queda grabado.
La bendición del sacerdote
En muchas parroquias todavía se puede pedir que un sacerdote vaya a bendecir la casa, sobre todo cuando es nueva. Se pide en la oficina parroquial y normalmente no tiene costo; lo que se acostumbra es una colaboración voluntaria. Es más fácil de conseguir en enero y en los meses de fiesta patronal, cuando los sacerdotes salen más al barrio.
Lo que todavía se conserva en nuestras casas
El ramo bendito del Domingo de Ramos detrás de la puerta, que se cambia cada año y el viejo no se bota a la basura sino que se quema. El agua bendita en un frasquito, que la abuela usaba para persignar a los que salían de viaje. La medalla de San Benito, que mucha gente pide justamente para la casa. Y la imagen de San Miguel, que es la que se pide cuando alguien siente que la casa necesita algo más fuerte.
No todas las familias hacen todo. Casi todas hacen alguna, y casi siempre es la que hacía la mamá o la abuela.
Una pieza que se vea bien de frente
Lo que sí vale la pena es que la pieza esté bien hecha, porque va a estar en el sitio más visible de la casa durante años. Nosotros pintamos a mano crucifijos y figuras religiosas en yeso y en resina, cuidando los detalles del rostro y del acabado, que es donde se nota la diferencia. Si quiere ver lo que tenemos o encargar algo pintado a la medida, escríbanos por WhatsApp al +57 302 249 2780 o mire nuestro catálogo. Cada pieza la pintamos nosotros a mano, una por una.



