Cómo armar un rincón de oración en casa sin complicarse

Casi toda casa colombiana tiene uno, aunque nadie lo llame así. Una repisa con una virgen, la foto de un difunto, un rosario colgado y una vela que se prende cuando hay que prenderla. A veces quedó armado de pura casualidad, con lo que fue llegando, y por eso termina viéndose desordenado.

Organizarlo no cuesta plata. Cuesta decidir tres o cuatro cosas de una vez.

Primero el lugar, después los adornos

El rincón funciona donde usted pase todos los días. Si lo mete en un cuarto que nadie abre, se llena de polvo y se convierte en un mueble más. La sala, el comedor, el pasillo que lleva a los cuartos o la mesa de noche son los sitios donde de verdad se usa.

Hay dos lugares que conviene evitar. Encima del televisor, porque la imagen termina compitiendo con la pantalla y siempre pierde. Y el baño o la cocina caliente, donde la humedad y la grasa le hacen daño al acabado con el tiempo.

La altura cambia todo

Un rincón que queda demasiado abajo se ve como un adorno olvidado en una esquina. Uno que queda demasiado alto obliga a levantar la cabeza y se siente lejano. La altura del pecho, más o menos, es donde la cosa se ve natural: uno queda de frente, no mirando desde arriba ni desde abajo.

Si va a usar una repisa en la pared, mídala antes de taladrar. Es el error más común y el más difícil de arreglar después.

Qué va y qué sobra

La regla que mejor nos ha funcionado es esta: una figura manda y las demás acompañan. Si usted pone cinco imágenes del mismo tamaño, ninguna se ve. Escoja la que más significa para la familia, póngala al centro y un poco más alta si puede, y deje las otras alrededor en tamaño menor.

Un mantel pequeño ayuda más de lo que parece, porque separa el rincón del mueble y hace que todo se vea intencional. Un tono liso, claro, sin estampados que peleen con los colores de las figuras.

Las fotos de los que ya no están tienen su lugar ahí, y para muchas familias es el centro de todo. Una o dos, enmarcadas, no diez sueltas. Y lo que claramente sobra: los papeles, las llaves, el control del televisor y todo lo que uno va dejando encima porque el mueble quedó a la mano.

La luz: vela, veladora o bombillo

La vela es lo tradicional y es lo que más cambia el ambiente, pero hay que ser serio con ella. No se deja sola, no se deja cerca de una cortina y se apaga al salir de la casa. Si en la casa hay niños pequeños o mascotas que saltan a los muebles, una veladora en vaso es mucho más sensata que una vela de pie.

Si prefiere no prender nada, una luz cálida pequeña hace buena parte del trabajo. Lo que no funciona es la luz blanca fría de techo cayendo encima: aplana los colores y le quita todo el relieve a una pieza pintada a mano.

Que el rincón cambie con el año

Esto es lo que diferencia un rincón vivo de uno congelado. En mayo mucha gente le da el lugar central a la Virgen. En Semana Santa se recoge, se quita el color, queda más sobrio. En diciembre el pesebre se toma el espacio y lo demás se corre. No hay que comprar nada nuevo para hacerlo, solo mover lo que ya está.

El mantenimiento es de un minuto

Una brocha suave y seca, de las de maquillaje o de pintar, saca el polvo de los pliegues sin rayar la pintura. Nada de agua a chorro ni de paños mojados sobre el yeso. Si una pieza se ensució mucho, un trapo apenas humedecido y de una vez secar.

Si le falta la pieza central

Muchos de nuestros clientes llegan justo con esa duda: tienen el espacio, tienen el mantel, y les falta la figura que mande. Pintamos a mano en yeso y en resina, en varios tamaños, y podemos ayudarle a escoger según el espacio que tenga. Si quiere ver lo que tenemos o encargar algo pintado a la medida, escríbanos por WhatsApp al +57 302 249 2780 o mire nuestro catálogo. Cada pieza la pintamos nosotros a mano, una por una.

Sagrada Familia en yeso pintada a mano con acabado dorado
Sagrada Familia en yeso pintada a mano con acabado dorado
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