Las figuras de Buda son de lo que más se vende para decoración en Colombia, y casi siempre se compran por la misma razón: transmiten calma. Pero no todas dicen lo mismo. La postura, las manos y hasta lo que la figura sostiene cambian el significado.
Una aclaración primero
El Buda histórico, Siddhartha Gautama, fue una persona real que vivió en el norte de la India hace unos 2.500 años. Lo que llamamos budas en decoración son representaciones suyas, o de figuras relacionadas, que a lo largo de los siglos adoptaron posturas codificadas que se llaman mudras.
Vale la pena saberlo porque para millones de personas estas figuras tienen un sentido religioso, no decorativo. Tratarlas con respeto, no ponerlas en el piso ni en el baño, es un gesto sencillo que no cuesta nada.
El de la flor de loto
Sentado en posición de loto, con las piernas cruzadas y las manos en el regazo. Es la postura de la meditación y del equilibrio interior.
La flor de loto es la clave de esta figura: es una planta que nace en el barro y florece limpia en la superficie. Representa que de lo difícil también puede salir algo hermoso, y por eso se regala tanto a alguien que está pasando por un momento complicado.
Va bien en un espacio de descanso, en un rincón de lectura, donde usted haga yoga o simplemente donde quiera sentarse a no hacer nada.
El de la calma
Con los ojos entrecerrados y una expresión profundamente tranquila. Más que la postura, lo que define a esta figura es el rostro.
Es la que recomendamos para espacios donde se quiere bajar la tensión: una oficina en la casa, la sala, el lugar donde recibe gente.
El de la alegría y la buena fortuna
Este es el gordito sonriente que todo el mundo conoce, a veces con los brazos en alto. En realidad no es el Buda histórico sino una figura derivada de la tradición china, asociada a la abundancia, la risa y la buena suerte.
Es el más popular como regalo porque su mensaje es inmediato y alegre. Suele ir cerca de la entrada de la casa o del negocio.
El trío
Tres figuras pequeñas: una se tapa los ojos, otra los oídos y otra la boca. No ver el mal, no oír el mal, no hablar el mal.
Funcionan muy bien juntas sobre una repisa o un escritorio, y como regalo tienen la ventaja de que cuentan una historia completa en tres piezas.
Dónde ubicarlo
No hay reglas universales, pero sí costumbres bastante extendidas. Nunca en el piso: siempre elevado, sobre una mesa, una repisa o un mueble. Nunca en el baño ni en la cocina. Mirando hacia el interior de la casa y no hacia la puerta de salida. Y en un espacio despejado, porque un Buda rodeado de desorden pierde todo su efecto.
Cómo escoger el suyo
Hágase dos preguntas: para qué espacio, y qué quiere que transmita ahí.
Si busca calma en un lugar de descanso, el de flor de loto o el de la calma. Si quiere algo alegre para la entrada o para un negocio, el de la buena fortuna. Si es un regalo y no conoce bien los gustos de la persona, el trío, porque es decorativo y su mensaje lo entiende cualquiera. Y si el espacio es pequeño, una figura de ocho a diez centímetros: las grandes necesitan aire alrededor.
Pintado a mano se nota
En un Buda industrial el acabado es parejo y plano. En uno pintado a mano se ven los matices en los pliegues de la túnica, las sombras que le dan volumen al rostro, los dorados aplicados con pincel. Es la diferencia entre un objeto y una pieza.
En nuestro taller pintamos a mano budas en varios tamaños y acabados. Si quiere ver más fotos de alguno o saber qué medida le sirve, escríbanos por WhatsApp al +57 302 249 2780, o míralos en nuestro catálogo.



