Una pieza pintada a mano tiene algo que una industrial no tiene: variación. Dos piezas del mismo molde salen con tonos distintos, con pinceladas distintas, y eso es justamente lo que la hace valer. Pero también es lo que hace que combinarla sea distinto.
Con una pieza de fábrica uno busca el color exacto en un catálogo. Con una pintada a mano uno trabaja al revés: la pieza llega y el espacio se acomoda a ella.
Una manda, las demás acompañan
Es la regla que más repetimos y la que más resultado da. En cada ambiente debe haber una sola pieza que se lleve la mirada. Las demás existen para sostenerla, en tamaño menor y en colores más callados.
Cuando usted pone tres piezas igual de fuertes en la misma repisa, ninguna gana y el conjunto se ve ruidoso. Baje dos de tono o de tamaño y la tercera aparece sola.
Tres colores y ya
Un ambiente aguanta bien tres colores y empieza a desordenarse en el cuarto. Cuente el de la pared, el de los muebles grandes y el de los textiles, y verá que casi siempre ya tiene dos ocupados antes de poner nada.
Eso quiere decir que la pieza decorativa normalmente tiene un solo color libre para trabajar. Úselo bien: que sea el que no está en ninguna otra parte del cuarto, para que resalte, o que repita exactamente uno que ya está, para que se integre. Lo que no funciona es un tono parecido pero no igual, porque se lee como error.
El fondo cambia la pieza entera
Una figura con dorados se apaga contra una pared beige y se enciende contra una pared oscura o contra madera. Una figura blanca o de tonos pastel desaparece sobre pared blanca y se ve preciosa sobre un fondo de color.
Antes de comprar, mire la pared donde va. Si la pared es clara, busque piezas con contraste o con detalle oscuro. Si la pared es oscura o de madera, los acabados claros y los dorados van a brillar.
Cuando no hay manera de cambiar el fondo, un truco barato es poner la pieza sobre una bandeja o un pedazo de tela de color. Eso le crea su propio fondo y la separa del resto.
El dorado no es un color, es una luz
Esto cuesta entenderlo hasta que uno lo ve. El dorado y el bronce no se comportan como el amarillo: cambian según la luz que reciban, se ven cálidos de día y casi rojizos con luz de bombillo. Por eso una pieza dorada hay que mirarla en el sitio a distintas horas antes de decidir dónde queda.
Y conviene no repetirlo demasiado. Dos o tres puntos dorados en un ambiente se leen como intención. Ocho se leen como exceso.
Dónde ponerla para que de verdad se vea
La altura del pecho y de los ojos es donde la gente mira sin esfuerzo. Todo lo que quede por debajo de la cintura pierde fuerza, y lo que quede muy alto deja de verse en el día a día.
La luz importa tanto como el lugar. Una pieza pintada a mano vive de los relieves, y un bombillo cenital plano se los borra. Una lámpara lateral, o luz que llegue de una ventana en ángulo, le devuelve todo el volumen. Es el cambio más barato que puede hacer y el que más se nota.
Si la casa es muy neutra
Una casa en blancos y grises es el mejor escenario posible para una pieza artesanal, aunque no lo parezca. Ahí una sola figura de color fuerte hace todo el trabajo y no necesita nada más alrededor. El error en esas casas es intentar llenar: con una basta.
Si no sabe cuál le sirve
Mándenos una foto del espacio por WhatsApp y le decimos qué tamaño y qué tonos le van a funcionar ahí. Lo hacemos todos los días y no cuesta nada. Si quiere ver lo que tenemos o encargar algo pintado a la medida, escríbanos por WhatsApp al +57 302 249 2780 o mire nuestro catálogo. Cada pieza la pintamos nosotros a mano, una por una.



